Durante décadas, gran parte de la agricultura ha estado enfocada en maximizar la producción a corto plazo. El resultado, en muchos casos, ha sido una pérdida progresiva de materia orgánica, una menor biodiversidad y suelos cada vez más compactados y menos fértiles.
La agricultura regenerativa propone un cambio de enfoque. No se trata únicamente de producir alimentos, sino de mejorar el estado del suelo con cada campaña agrícola.
Su objetivo principal es que el suelo recupere su capacidad para almacenar agua, reciclar nutrientes, albergar vida microbiana y mantener una producción estable durante muchos años.
Aunque cada explotación tiene unas necesidades diferentes, existen una serie de principios que sirven como base para cualquier estrategia de manejo regenerativo.
1. Mantener el suelo siempre cubierto
Un suelo desnudo está expuesto a la erosión, al impacto directo de la lluvia, a la radiación solar y a la pérdida acelerada de humedad.
Por este motivo, uno de los principios fundamentales consiste en mantener una cobertura permanente mediante:
- Mulch o acolchados orgánicos.
- Restos de poda triturados.
- Cultivos de cobertura.
- Residuos vegetales de la cosecha anterior.
Esta cobertura actúa como una protección física que reduce la evaporación, estabiliza la temperatura del suelo y favorece la actividad de microorganismos y fauna edáfica.
Diversos estudios muestran que una cobertura vegetal adecuada puede reducir de forma significativa la erosión y mejorar la infiltración del agua en comparación con un suelo completamente descubierto.
2. Reducir al mínimo el laboreo
Cada vez que se remueve el suelo se altera su estructura.
El laboreo intensivo rompe agregados del suelo, acelera la oxidación de la materia orgánica y modifica el equilibrio entre hongos, bacterias y otros organismos beneficiosos.
Por ello, la agricultura regenerativa apuesta por técnicas como:
- Laboreo mínimo.
- Siembra directa cuando es posible.
- Intervenciones únicamente cuando resultan necesarias.
Un suelo menos alterado mantiene mejor sus poros naturales, favoreciendo la infiltración del agua y el desarrollo radicular.
3. Incrementar la materia orgánica
La materia orgánica constituye uno de los indicadores más importantes de la calidad del suelo.
Es la responsable de mejorar aspectos como:
- La capacidad de retención de agua.
- La disponibilidad de nutrientes.
- La estabilidad estructural.
- La actividad microbiológica.
- La resistencia frente a la erosión.
Para aumentar su contenido pueden emplearse distintas estrategias:
- Compost maduro.
- Mulch vegetal.
- Restos de cosecha.
- Cubiertas vegetales.
- Incorporación de biomasa.
En muchas zonas mediterráneas, donde el contenido de materia orgánica suele situarse por debajo del 2 %, este aspecto resulta especialmente importante.
4. Favorecer la biodiversidad
Los ecosistemas naturales funcionan gracias a la interacción entre cientos de especies.
En agricultura ocurre algo parecido.
Cuanta mayor diversidad exista tanto sobre el suelo como bajo él, mayor será la estabilidad del sistema.
Esto implica favorecer:
- Rotaciones de cultivos.
- Asociaciones vegetales.
- Cubiertas con distintas especies.
- Fauna auxiliar.
- Polinizadores.
- Hongos micorrícicos.
- Bacterias beneficiosas.
La biodiversidad ayuda a reducir la presión de determinadas plagas y mejora el reciclaje natural de nutrientes.
5. Alimentar la vida del suelo
Un suelo sano puede contener miles de millones de microorganismos en apenas un gramo.
Bacterias, hongos, actinomicetos, nematodos y otros organismos forman una red biológica que participa continuamente en procesos esenciales como:
- La descomposición de residuos vegetales.
- La mineralización del nitrógeno.
- La formación de humus.
- El transporte de nutrientes.
- La creación de agregados estables.
Cuando esta comunidad microbiana disminuye, también lo hace la fertilidad del suelo.
Por ello, uno de los objetivos del manejo regenerativo consiste en proporcionar alimento constante a estos organismos mediante aportes continuos de materia orgánica.
6. Mantener raíces vivas durante el mayor tiempo posible
Las raíces no solo sirven para absorber agua y nutrientes.
También liberan compuestos orgánicos conocidos como exudados radiculares, que alimentan directamente a los microorganismos del suelo.
Cuando existen raíces activas durante buena parte del año:
- aumenta la actividad biológica;
- mejora la estructura del suelo;
- se incrementa la formación de agregados;
- se reduce la pérdida de nutrientes por lixiviación.
Los cultivos de cobertura desempeñan un papel fundamental en este principio.
7. Gestionar el agua de forma eficiente
El agua es uno de los recursos más limitantes, especialmente en climas secos como el mediterráneo.
La agricultura regenerativa busca que el propio suelo funcione como un gran depósito natural.
Cuando aumenta la materia orgánica y mejora la estructura:
- se incrementa la infiltración;
- disminuye la escorrentía;
- se reduce la evaporación;
- las plantas soportan mejor los periodos de sequía.
Un suelo con buena estructura necesita menos riegos que otro degradado para mantener condiciones similares de humedad.
8. Integrar todos los elementos del sistema
La agricultura regenerativa no consiste en aplicar una técnica aislada.
El verdadero beneficio aparece cuando distintas prácticas trabajan conjuntamente.
Por ejemplo:
- aplicar compost mientras se mantiene una cubierta vegetal;
- reducir el laboreo;
- proteger el suelo con mulch;
- favorecer la biodiversidad;
- mejorar el manejo del agua.
Cada una de estas acciones potencia el efecto de las demás.
Por eso se habla de un sistema regenerativo y no simplemente de una técnica agrícola.
¿Por qué estos principios son cada vez más importantes?
Los suelos agrícolas afrontan desafíos crecientes:
- pérdida de fertilidad;
- menor contenido de materia orgánica;
- compactación;
- erosión;
- aumento de fenómenos climáticos extremos.
Aplicar los principios de la agricultura regenerativa permite aumentar la resiliencia del suelo frente a estos problemas y mejorar su funcionamiento a largo plazo.
No existe una única receta válida para todas las explotaciones, pero sí una idea común: cuanto más se parezca el manejo agrícola al funcionamiento de un ecosistema natural, mayor será la capacidad del suelo para mantenerse fértil, estable y productivo con el paso de los años.
Ese es, precisamente, el objetivo de la agricultura regenerativa: producir mientras se mejora el recurso más valioso que existe en cualquier cultivo, el suelo.